¿Qué crisis?
Hace unos días, en plena campaña electoral, Zapatero nos decía que no había ninguna crisis en el sector financiero y que las dificultades de nuestra economía venían “de fuera”. Sin embargo, la realidad es tozuda y no está por la labor de darle la razón.

El FMI y la OCDE admiten que existe crisis, que es más seria de lo previsto; y que la situación empeora día a día. Espero que Zapatero, de merecido descanso por Doñana después de una agotadora campaña electoral; vuelva con renovado ímpetu a afrontar la que se nos viene. En éstos meses electorales, en que la tónica del gobierno y del candidato a la reelección ha sido negar o minimizar la crisis, las grandes economías mundiales han comenzado a adoptar medidas de previsión para recibir el impacto.
Desde que se inició la crisis de las hipotecas subprime en Estados Unidos, se han ido produciendo en los mercados mundiales altibajos con más o menos periodicidad; pero la crisis financiera de importantes bancos y la quiebra de uno de los más grandes en la pasada semana (Bear Stearns), produjeron un notable agravamiento, con gran impacto en todo el mundo. ¿Hay quien crea que la economía española permanecerá inmune a estas sacudidas? Es imprescindible y necesario comenzar a adoptar medidas preventivas de ahorro real de recursos, de reducción del consumo y de protección de nuestros sistemas productivos.
Ayer, el pánico en las bolsas y en el sector financiero europeo fue más que evidente. Pero aquí seguimos descansando y cambiando la estructura del gobierno para hacerlo “lo más funcional posible”. Y yo, que creo que como se hace más funcional es trabajando… pero, cosas mías seguramente, que vengo de una generación en que nos decían que, cuando algo no iba bien, había que trabajar para mejorarlo.
Y es que, sin tocar el tema de la crisis económica mundial, que Bush sí ha reconocido y ya está actuando sobre ella; a este lado del Atlántico la realidad es que los impagos en el comercio tocan techo en plena caída del consumo privado. Que la tormenta financiera ha determinado también un estancamiento del espíritu empresarial y la creación de sociedades cayó un 21,29% en enero, hasta las 11.719; mientras que el número de sociedades disueltas aumentó un 42,5%, hasta las 2.484, según el INE.
El cambio de ciclo está en proceso y la economía suma muchos más síntomas de agotamiento. Por ejemplo, en diciembre, el volumen de ventas de los establecimientos minoristas cayó por primera vez en plena campaña navideña. En enero, a pesar de las rebajas, España sufrió el mayor retroceso del consumo de toda Europa (2,4%), según datos de Eurostat.Y la morosidad de las hipotecas creció un 46,5% en 2007.
Pero no pasa nada. Seguimos de vacaciones, descansando. Y sin Presupuestos siquiera, porque el “optimismo antropológico” de Zapatero ha dejado de tener cabida en los Presupuestos del Estado. Fueron realizados basándose en unas previsiones de crecimiento que distan hasta en un punto de las previsiones de los expertos, y en unos precios del petróleo y del euro que nada tienen que ver con la realidad de los mercados; o sea que las previsiones de Solbes han caducado ya por el impacto de la crisis económica.
Pero, las recomendaciones de nuestro gobierno, una vez investido Zapatero y más funcional que nunca, ¿cuales serán? Mucho me temo que nuestro presidente siga creyendo que para dirigir la economía bastan palabras bonitas. Decir que España “no es inmune” a la crisis actual, y que es el país “está mejor preparado que el resto” para afrontarla, no constituye ninguna medida económica. Y repetir que “estamos en una buena situación, en una situación de fortaleza económica y ante las turbulencias vamos en un barco seguro”, no va a solucionar la inflación, ni la crisis en el sector inmobiliario, la huida de inversores extranjeros ni la falta de productividad.
Dirigir la política económica de un país consiste en otra cosa. Quizá está ampliando conocimientos, más allá de sus dos tardes de economía, en Doñana.




