Como era de prever, la independencia unilateral e ilegal de Kosovo ha animado a muchos territorios que se definen soberanistas a pedir para sí mismos un trato similar al que la comunidad internacional ha dado a Kosovo. Los partidos políticos separatistas de Cataluña y el País Vasco se han apresurado a mostrar el modelo kosovar como digno de ejemplo.

La politica exterior de los EEUU sigue siendo corta de miras; en la línea de estupidez que caracterizó a su cancillería desde que Wilson ocupó la presidenca del país. Como ha conseguido una base militar, ya están contentos; y han reconocido la independencia de Kosovo. No se dan cuenta de que ya no estamos en un escenario de “guerra fría” y que el “enemigo” no es Rusia. Parece que no aprendieron nada después de su intervención en Afganistán.
La Unión Europea se reunirá para comprobar una vez más que no tiene política exterior, y que cada estado miembro va a su albur. Hoy se reúne el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea en Bruselas para debatir sobre la autoproclamación de Kosovo como estado independiente. No hay unanimidad de posturas, ya que algunos países, entre ellos España, Rumanía, Eslovaquia, Chipre y Grecia, temen que un reconocimiento de Kosovo siente un precedente peligroso. Por el contrario, otros, como Reino Unido, Francia y Alemania, estarían de acuerdo en ratificar su nuevo estatus.
Eso si, luego esta misma Unión Europea, en particular Francia, pedirá a Israel que cumpla las resoluciones de la ONU. Y en las resoluciones de la ONU (Resolución 1.244 de 1.999) sobre el tema de Kosovo se establecía claramente que, de forma consensuada por el Consejo de Seguridad, la solución política pasaría SIEMPRE por el respeto de la soberanía de Serbia y el resto de países de la zona. Soberanía que determinados países europeos han ninguneado. Es que, los perdonavidas europeos, no tienen que atenerse a ninguna resolución de la ONU que no les venga bien..
De, entre las grandes potencias, la única que ha respetado y defendido la legalidad internacional es, curiosamente, Rusia. Y en el discurso que ha realizado su representante ante la ONU, Vitaly Churkin, éste ha sido claro y contundente; y, en velada acusación a EEUU y a algunos miembros de la Unión Europea, aseguró que Moscú “no comparte la idea de que la ley internacional se puede manipular”. Agregó que el anuncio de Pristina “debería ser desestimado” y considerar esa declaración como “nula e inválida”.
Las consecuencias inmediatas de ésta declaración ilegal y unilateral son, entre otras, que Abjasia y Osetia del Sur pedirán a Rusia, a la CEI y la ONU que se les reconozca su independencia de Georgia. Especialmente sangrante es el caso de los kurdos, cuya región está dividida entre Turquía, Iraq, Siria e Irán. La independencia les fue reconocida por el Tratado de Sèvres de 1920; pero, al ser Turquía aliada de EEUU, jamás reconocerán los EEUU una mínima independencia de la región. Es la doble vara de medir de la política exterior americana.
Dejando de lado las cuestiones del Kurdistán, el Sáhara Occidental, Timor Oriental o Cachemira; y centrándonos sólo en Eurasia, las zonas de conflicto son múltiples:
La Repúbica de Transdniestria, en Moldavia, mira esperanzada a Kosovo. Brevemente; en 1990, en Tiraspol, capital de Transdniestria, un Congreso extraordinario de los diputados de Transdniestria proclamó la República Moldava de Transdniestria. Los diputados del Soviet Supremo de Moldavia se desintegraron del parlamento moldavo, instituyendo el Soviet Supremo de Transdniestria por estar en desacuerdo con la política de Moldavia, que buscaba salir de la URSS y alcanzar aproximación con Rumania. Moldavia usó la fuerza para suprimir las tendencias separatistas. Las acciones militares alcanzaron su auge en 1992, habiendo perecido más de 600 personas en Transdniestria. Finalmente, con la mediación de Rusia, Ucrania y la OSCE, en 1995, se firmó el acuerdo de no uso de fuerza. El proceso negociador entre Transdniestria y Moldavia avanza a duras penas, siendo el problema principal el estatuto de la república.
El Alto Karabaj o Nagorno Karabaj, cuyo territorio sigue siendo parte de Azerbaiyán pero está controlado por fuerzas armenias. Azerbaiyán exige la retirada incondicional de las tropas armenias, que serían sustituidas por tropas de pacificación, para conceder una amplia autonomía a Nagorno Karabaj. Armenia defiende el derecho a la autodeterminación del territorio, aunque vincula su estatus definitivo a la celebración de un referéndum. La ONU condenó en 1993 en cuatro resoluciones diferentes la “ocupación” del enclave por las tropas armenias y demandó su retirada inmediata.
Chechenia, en el Cáucaso, es considerada como una república independiente por los separatistas religiosos y como una república federal por Moscú. La nueva constitución que entró en vigor en 2003, tras el referéndum celebrado ese mismo año. En la actualidad, la guerrilla por la secesión chechena tiene vínculos demostrados con Al-Qaeda. Durante años, voluntarios musulmanes han viajado a Chechenia para unirse a la lucha contra Rusia.
En resumen, si Europa no vuelve al sistema anterior a la ruptura de Yugoslavia, en el sentido de no apoyar causas secesionistas y aventuras independentistas, el caos está asegurado en los Balcanes, el Cáucaso, Chipre (cuya parte ocupada por los turcos podía seguir el mismo camino que Kosovo) y en la misma Rusia, territorio abonado para las tendencias centrífugas y los viajes hacia ninguna parte de los dirigentes chechenos, osetios y abjasos.
La OTAN ahora pide calma a las partes, y diálogo para resolver las disputas, pero no pidió diálogo cuando atacó Serbia y desgajó, quizá para siempre, a Kosovo de Serbia con su intervención. De aquellos barros vienen estos lodos de fatales resultados. Los principios imperantes de romper Estados pueden llevarnos a una crisis de imprevisibles consecuencias. El caos, y quizá la guerra, se instalará de nuevo en el Cáucaso; y recordaremos las amenazas clarividentes de Putin, como recordamos las de Churchill, cuando Gran Bretaña se negó a intervenir militarmente contra la Alemania nazi: “habéis elegido el deshonor para evitar la guerra, y al final tendréis el deshonor y la guerra”.
Y en España, las consecuencias de ésta estrategia suicida las veremos en un medio plazo, porque ha desaparecido el mito que retraía a algunos nacionalistas en el sentido de que la UE no representa ninguna garantía de intangibilidad en cuanto a las fronteras nacionales se refiere.




