La diplomacia de la Unión Europea, desde hace años en la UVI y con encefalograma plano; ha cosechado otro enorme fracaso en el tema de Kosovo. Todo muestra que ésta provincia serbia va a declarar unilateralmente su independencia en el dia de hoy. Y, aunque la Unión Europea sigue dividida sobre el reconocimiento de la independencia de Kosovo, este sábado la ha avalado de facto dando luz verde a la puesta en marcha de su misión civil.

Esta proclamación, a la que se opone firmemente Serbia con el apoyo de Rusia, constituye un acontecimiento que afecta a los principios doctrinales más elementales del Derecho Internacional y que podría sentar un precedente de aceptación ilegal de una independencia al margen del organismo encargado de velar por el cumplimiento de la Carta de la ONU, el Consejo de Seguridad.
Los Estados Unidos, cuya política exterior sólo es consecuente cuando se desenvuelve en medio de cualquier guerra, apoya la independencia de Kosovo, imagino que con la idea de reducir o minimizar la influencia rusa en la Europa Oriental. O quizá con esa idea romántica por la que los americanos miran con simpatía cualquier proceso independentista al identificarlo con la suya propia.
Lo más llamativo es que la provincia kosovar va a proclamar su independencia basándose en criterios exclusivamente de composición étnica y religiosa de una parte de sus habitantes. España, en ésta historia, tiene poco que ganar y mucho que perder si se trasluce que se aceptan como fuentes de independencia, la composición étnica o las creencias religiosas de una parte de la población. Y, para eso, el gobierno español debería retirar inmediatamente, una vez producida la declaración de independencia, sus efectivos militares en la zona. Un decisión perfectamente legitimada,ya que las condiciones bajo las que nuestras fuerzas fueron allí, contenidas en las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, han cambiado radicalmente. Porque éstas resoluciones reafirmaban “la adhesión de todos los estados miembros al principio de la soberanía e integridad territorial de la República Federativa de Yugoslavia”.
En ésa línea, Rajoy ha pedido al Gobierno que “esté a la altura de las circunstancias” en Kosovo. Y explicó brevemente que su formación política y él están en contra de que alguien “declare unilateralmente la independencia de un país y, por tanto, en contra de que Kosovo declare unilateralmente su independencia”.
Frente a todos éstos hechos; Rusia, desde mi punto de vista, cargada de razón, por boca de su ministro de Defensa, Sergei Ivanov, afirmó que la eventual independencia de la región de Kosovo rompería el principio de “unidad territorial” que se había impuesto hasta ahora de manera “inamovible”, al tiempo que aseguró que conceder esa soberanía a la actual provincia serbia podría implicar que no se pueda negar ese mismo beneficio a otras regiones “en Europa y el mundo”.
Fuentes diplomáticas españolas declararon a Europa Press que Madrid no reconocerá a Kosovo ni establecerá relaciones diplomáticas con el nuevo Estado “a corto o medio plazo” y afirmaron que la declaración unilateral de independencia carece de “base jurídica internacional”.
Pero, muchos iluminados se preguntarán ¿Por qué Kosovo sí y el País Vasco, o Cataluña, no? Desde mi punto de vista, es un error clarísimo modificar fronteras para crear estados de mayorías étnicas o religiosas. Más aún realizar esas modificaciones atendiendo a criterios lingüísticos o pseudoculturales como es el caso del País Vasco o Cataluña. Pero la lógica es algo que no se da en las cancillerías de la mayoría de los países del mundo. Asi que, para hoy, si nada lo impide, tendremos otro Estado musulmán en Europa, que surge gracias a la mafia albanokosovar del UÇK y respaldado por los EEUU y algunos países europeos que se divierten jugando a las chapas en el polvorín balcánico.




